I.
DEFINICIÓN: La Tristeza
Forma parte de las emociones básicas y normales del ser humano. Es la
expresión del dolor afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la emoción que se siente
cuando se ha perdido algo importante, cuando algo causa decepción o cuando ha ocurrido alguna desgracia que afecte
a la persona u otros.
En alguna etapa de la vida, todas las personas han experimentado momentos
de tristeza, este es un fenómeno temporal y en ocasiones habitual.
Estar triste de vez en cuando es algo completamente normal. La mayoría
de las veces, la tristeza se debe a una pérdida o separación, a un cambio
difícil, a que hay algo o alguien que ha causado decepción o a problemas de
relación. Sin embargo no es el fenómeno lo que causa los estados de tristeza
sino la interpretación que le da la persona al mismo
A veces, la tristeza se mezcla con otros sentimientos. Cuando se está triste,
también se puede sentir enfado o culpa. Es posible que se tienda a buscar
culpables, intentando echar las culpas de lo ocurrido a otras personas o a sí
mismo. Algunas veces, los niños creen erróneamente que las cosas tristes, como
la muerte, la enfermedad de un ser querido o el divorcio de sus padres, son
culpa suya; aunque están equivocados, ellos
no son los causantes de tales sucesos.
Es cierto que puede haber momentos en que
la tristeza sea la reacción más natural y adecuada: por ejemplo, ante el
fallecimiento de un ser querido, o ante alguna otra importante pérdida
irreparable. En esos casos, la tristeza proporciona una especie de refugio
reflexivo, de duelo necesario para asumir esa pérdida y ponderar su
significado.
Uno de los principales motivos de la duración e intensidad de un estado
de tristeza es el grado de obsesión que se tenga ante la causa que ha producido
la tristeza. Preocuparse más de lo debido por esa causa, sólo hace que la
tristeza se agudice y se prolongue aun más. Aislarse, dar vueltas y vueltas a
lo mal que se siente la persona, o a los nuevos males que se pueden sobrevenir,
son excelentes modos de prolongar ese estado.
Cuando la tristeza dura mucho tiempo, es demasiado intensa e impide que
una persona disfrute de las cosas buenas de la vida, se convierte en una
dificultad que necesita mayor cuidado y asistencia de un profesional en el área
de la salud mental.
De
acuerdo a Alfredo Ruiz la
depresión es “un proceso psicológico”, no habla de una depresión endógena ni
biológica, tomando en cuenta su perspectiva acerca de esta temática es válido
agregar entonces que los estados de tristeza son también procesos psicológicos.
Llega un
momento en la vida de los seres humanos en que diversas situaciones pueden
colocarlo en estados displacenteros, ante esto la persona puede presentar
mecanismos primarios para enfrentarse a la misma (emociones, cogniciones y
actitudes autodestructivas), sin embargo llega un momento en que el individuo
se adapta a esta situación y no es capaz de procesar; la persona puede llegar a
un punto en el que no tiene control de los estímulos negativos que está
viviendo. Empieza a dar explicaciones y atribuciones a su situación, a causa de
estos ulteriores aspectos tendrían lugar los estados de tristeza. Y la
concepción contemporánea que ve a la tristeza como un estado normal que es en
si la interpretación que hace la persona de determinada situación.
II. ANTECEDENTES:
Estudios sobre la problemática
Los intentos más
remotos por comprender
“científicamente” la tristeza se debe
a Hipócrates (460-375 a.C.),
a quien
le piden que diagnostique al filósofo
Demócrito, que aparentemente se había vuelto “loco”. Por los datos
obtenidos parece que Demócrito padeció primero una fase de tristeza y
depresión y después de la inactividad
que acompaña a la depresión, inició una fase de hipertermia con actividad
febril que a sus contemporáneos les pareció muy extraña. Vivía rodeado de
esqueletos y restos de animales a los que disecaba. Al recibir la visita de
Hipócrates, Demócrito le contó que había sufrido tanto con su enfermedad que
deseaba descubrir un tratamiento para curarla a otros y prevenir una recaída
propia. En los cadáveres buscaba la sede de la “bilis negra”, fuente de la
tristeza (melancolía).
Desde la más remota
antigüedad y en diferentes culturas, existen descripciones del inexplicable
fenómeno de la tristeza y la depresión. Son muy parecidas a las de hoy, aunque
expresadas en sus diferentes lenguajes y con interpretaciones religiosas o
mágicas, o de tipo científico oficial según los criterios de la época.
Los griegos, con Hipócrates, describieron los
estados de tristeza, que denominaron melancolía (bilis negra), como un estado
caracterizado por una aversión a los alimentos, inmovilidad, insomnio,
irritabilidad y desesperanza.
Los sentimientos de
abatimiento o tristeza, son viejos compañeros de la raza humana, y seguramente
en sus formas menos graves tienen funciones adaptativas, como por ejemplo,
recabar la atención y el cuidado de los demás, constituir un modo de
comunicación cuando uno se encuentra en una situación de pérdida o de
separación, o también puede ser un modo de conservar “energía” para poder hacer
frente a ulteriores procesos de adaptación.
Para la concepción
psiquiátrica si este sentimiento de tristeza aumenta en intensidad, se
convierte en una “enfermedad” que interfiere gravemente en la vida psíquica, de
pareja, de familia, social y laboral de la persona que sufre, en ese caso
amerita tratamiento farmacológico basándose
en el supuesto de que “si responde a la medicación, debe tener causa biológica”.
Por otro lado, muchos
enfoques contemporáneos, proponen “un cambio radical” en la manera de
pensar a cerca de la experiencias de las
enfermedades mentales, abandonando la perspectiva psiquiátrica (y la inserción
de medicamentos, ya que no se toma en cuenta los efectos colaterales y
secundarios que los mismos podrían provocar) y al mismo tiempo tratar de
explicar la experiencia y la conducta de los individuos. No enfocándose
solamente en el síntoma sino mas bien, en las causas.
Los sociólogos
norteamericanos Allan V. Horwitz, de la Universidad de Nueva Jersey, y Jerome
C. Wakefield, de la Universidad de Nueva York, en su libro La pérdida de la tristeza: cómo la psiquiatría transformó la pena natural
en desorden depresivo (traducción), ed. Oxford University Press, acusan a
la psiquiatría contemporánea de confundir el sentimiento normal de tristeza del
ser humano con desórdenes mentales depresivos, porque ignoran la relación de
los síntomas con el contexto en el cual salen a la luz.
En una
entrevista para la revista Bons
Fluídos (edición 110, mayo 2008) califican al Manual de Diagnóstico
de Desordenes Mentales – DSM; la biblia de los médicos para el diagnóstico de
la depresión, como equivocado y desfasado. Existen personas que están
"normalmente tristes" y otras que sufren el "desorden de
depresión". Pero según Horwitz y Wakefield, las que viven momentos de
tristeza son, de manera creciente, diagnosticadas como "depresivas".
Una confusión con graves consecuencias para los psiquiatras y sus pacientes,
pero también para la sociedad en general.
Allan Horwitz
revela que luego de la publicación del libro recibió testimonios de personas
que le contaban su desesperación provocada por eventos trágicos, desesperación
que no consideraban como un desorden depresivo, y que se sentían aliviadas
porque se les reconocía la validez de sus sentimientos. Jerome Wakefield dice
que muchos terapeutas se pusieron en comunicación con él para expresarle que,
de hecho, creían que muchos de sus pacientes no sufrían problemas
psiquiátricos, sino que tan solo necesitaban apoyo emocional por causa de una
intensa reacción a alguna pérdida o situación de estrés en sus vidas.
El dolor forma parte de la experiencia emotiva humana y la
tristeza no es necesariamente una enfermedad, proclaman los dos autores.
III.
FACTORES
O CONDICIONES QUE CAUSAN SU GENESIS Y DESARROLLO
Los estados de tristeza se ven favorecidos por la interpretación que hace la persona de determinada situación de
acuerdo a sus valores y creencias, considerando que no tiene control sobre los
estímulos “negativos” que está viviendo.
En
algunas ocasiones, la persona se aferra a la tristeza porque conlleva un estado
nostálgico y “dulcemente” melancólico que evoca el recogimiento interior, el
amor y la compasión por los demás seres, la benevolencia. Incluso le motiva
para escribir poesía o iniciar otro tipo de
actividades artísticas.
Al
principio, el recordar a un ser querido, o algún momento de la vida más
agradable, o las ilusiones que la persona no ha podido cumplir, se presenta
como la tristeza como un aliciente para sentirse más cerca de esas cosas
positivas que ahora ya no se poseen.
En
este estado resulta fácil dejarse llevar por la tristeza, la alimenta la
persona misma con pensamientos del tipo “no puedo evitarlo”, “no tengo
fuerzas”, “no puedo más”. Se refugia en sus propios lamentos en lugar de
hacerle frente a la vida, y desaprovecha las oportunidades que se le ofrecen
para cambiar esta condición.
Condiciones que favorecen los estados de
tristeza:
La pérdida y la separación son la causa más habitual de
tristeza. Es muy triste perder a alguien o algo que se tenía en gran estima.
Hay muchos tipos de pérdidas; la muerte o separación de un familiar, amigo o
mascota puede sumir a una persona en una tristeza que puede durarle semanas o
meses. El tipo de tristeza que uno experimenta específicamente a raíz de la
pérdida de un ser querido se le llama duelo.
Otros tipos de pérdidas o separaciones de personas que son importantes
en la vida de las personas también pueden provocar tristeza, por ejemplo, que
los padres se divorcien.
Generalmente, la intensidad de la tristeza provocada por la pérdida se atenúa
con el paso del tiempo, aunque en las pérdidas muy importantes es posible que
siempre quede algo de tristeza.
Los cambios que obligan a
alejarse de algo o alguien querido, como trasladarse a otra cuidad o cambiar de
colegio, lo que suele suponer tener que separarse de viejos amigos, también
pueden provocar tristeza.
Las pequeñas y/o grandes
decepciones, como perder un partido que se esperaba ganar, obtener mala
nota en un examen también hace sentir tristes a las personas. Esta es una reacción natural
ante ese tipo de cosas y su intensidad suele estar relacionada con la magnitud
de la pérdida o de la decepción.
La tensión y los conflictos en
las relaciones importantes, o la ruptura de una relación también pueden ser
motivo de tristeza. La gente suele experimentar tristeza cuando tiene algún
problema con sus seres queridos, o cuando recibe muchas críticas y reprimendas.
Se puede discutir por motivos tan diversos como el dinero, la ropa, el
corte de pelo, los estudios o los amigos, y este tipo de discusiones también
pueden provocar tristeza. En el lugar de estudio los problemas que se pueden tener
con los profesores, compañeros y el hecho de obtener malas notas también pueden
provocar tristeza.
La situación
económica delicada en la cual no se alcancen a cubrir las necesidades
básicas para el bienestar propio y de la familia o seres queridos también puede
evocar la tristeza.
IV.
MANIFESTACIONES DE LA
DIFICULTAD
a. Manifestaciones Internas
-La
persona se siente desmotivada, sin fuerzas, sin entusiasmo, sin energía, sin
ganas de vivir, abatida y melancólica
-Deformar la realidad; la persona triste ve la vida y la
juzga de acuerdo a su prisma interior.
-Sensación de vacío e
incapacidad para ilusionarse con nada
-Sensación de
desamparo y desesperación (ausencia de esperanzas)
-Sentimiento de culpa
y de desvalorización
-Sensación de estar solo
en el mundo y de que nadie le quiere y/o comprende
-Estar irritable y
enfadarse fácilmente (cualquier cosa te saca de quicio)
-Incapacidad para
disfrutar de las cosas
-Problemas de
concentración en clase o a la hora de hacer los deberes, y/o empezar a sacar
peores notas en el colegio
-Dormir demasiado o
demasiado poco
-No comer lo
suficiente y perder peso o comer demasiado y ganar peso
-Pasar menos tiempo
con los amigos y más tiempo solo
-Llorar mucho, a veces
sin motivo aparente
b. Manifestaciones externas
-La persona ya no disfrutar estar en un ambiente social
que antes le gustaba.
-Lentitud o agitación: al realizar alguna actividad específica
lo hace de una forma lenta o se altera internamente de una forma que no es
habitual como lo hacía antes.
-Cambios leves en los hábitos de sueño.
V.
ENFOQUES DIAGNÓSTICOS Y
PSICOTERAPÉUTICOS
1.
Enfoques Diagnósticos
1.1 Modelo
Cognitivo
Este modelo se basa en el supuesto de que las personas en realidad originan
sus propios problemas y también sus síntomas, por la forma en que interpretan
los acontecimientos y las situaciones que en su vida diaria tienen lugar; todo
este enfoque se basa en la idea central de que la manera en que un individuo
percibe o evalúa un acontecimiento tiene
mayor impacto que la situación misma; es por ello, que la modificación de
pensamientos y sentimientos es esencial para cambiar la conducta del individuo.
El diagnostico basado en este
modelo, consiste en evaluar la manera
como la persona percibe e interpreta los acontecimientos de su realidad y que
el momento presente le están causando inestabilidad y dificultad.
1.2 Modelo Conductual
Este modelo enfatiza el papel del aprendizaje en la conducta de la
persona; es decir, el individuo ha aprendido a reaccionar de determinada manera
ante las situaciones y dificultades que se le presentan en la vida, los estados
de tristeza son una respuesta de
pasividad aprendida, que no necesariamente es la mejor alternativa ante los
estímulos del medio, y que puede convertirse en una nueva situación que genere
inestabilidad.
La elaboración de un diagnostico a
partir de este modelo, consiste en evaluar la conducta observable y quizá hasta
cierto punto cuantificable en frecuencia y duración, como pudiese ser a través
de registros de conducta, autoinformes, e incluso la observación y la
entrevista.
2. Enfoques
Psicoterapéuticos
2.1 Modelo
Cognitivo
El tratamiento basado en
el modelo cognitivo va dirigido a la modificación de todos los elementos de tipo cognitivo,
atribuciones, sesgos, distorsiones, ideas irracionales relacionadas con los
estados de tristeza; esta terapia se centra en la percepción individual de las
experiencias externas, y la interpretación de las mismas (internas), tales como
pensamientos, deseos, aspiraciones, etc., reformulando las ideas y creencias
desviadas del paciente acerca de si mismo, de sus experiencias y de su futuro
en términos de hipótesis.
La terapia cognitiva
consiste en experiencias de aprendizaje muy específicas diseñadas para enseñar
a los pacientes a superar sus pensamientos (cogniciones) automáticos negativos,
a reconocer las conexiones entre cognición, afecto y conducta, a examinar la
evidencia a favor y en contra de los pensamientos automáticos distorsionados, a
sustituir estas cogniciones prejuiciados con interpretaciones más orientadas
hacia su realidad, y a aprender a identificar y trastornar las creencias que
los predisponen a distorsionar sus experiencias.
2.2 Modelo
Conductual
Las técnicas conductuales
se utilizan para modificar la conducta de las personas, tanto las consideradas
causales, como algunas adicionales que pueden complejizar los estados de tristeza.
Como cualquier programa
de modificación de conducta requieren una planificación detallada e
individualizada acorde a los resultados obtenidos en el proceso de evaluación.
Entre las de mayor utilización, se pueden mencionar las programaciones de
actividades placenteras, la programación de refuerzo contingentes y los
programas de entrenamientos de habilidades sociales y de asertividad.
VI.
GUIA METODOLÓGICA Y
TECNICAS PARA EL ABORDAMIENTO
La tristeza es un estado de ánimo
que influyen de manera directa en la actividad diaria de las personas, es el
resultado de la interpretación de los acontecimientos y situaciones que le ocurren,
el tipo de interpretación que la persona hace es producto de experiencias
previas a lo largo de su vida y que puede convertirse en una reacción
desadaptativa que ha sido aprendida.
Por lo tanto se deja de considerar a
la tristeza como una enfermedad y se aborda como un proceso psicológico por el
cual toda persona pasa en algún momento de su vida y por diferentes
situaciones, le sucede a cualquier persona sin importar su sexo, ocupación,
edad y/o estado social.
El experimentar tristeza y
melancolía no es un sinónimo de depresión, la tristeza puede ser un estado
temporal o habitual completamente normal que se puede mezclar con otras
emociones y cogniciones que hacen
parecer que la situación es más difícil de sobrellevar.
Para abordar estos estados es
necesario no solo fijarse en los síntomas, sino también abordar las causas que
lo originan, entendiendo estas causas como la forma en que la persona
interpreta la situación que le aqueja.
Al contrario de cómo muchos lo
pueden ver, los estados de tristeza no son negativos en sí mismos, pues aunque
se perciban diversas emociones y reacciones negativas, tienen aspectos
positivos que se pueden aprovechar, la persona puede llegar a experimentar una profunda sensibilidad e introspección, un
tiempo para la reflexión, así como el desarrollo de diversas habilidades de
tipo artístico como la pintura, la poesía y la música.