viernes, 25 de enero de 2013

Los Estados de Tristeza...


El primer gran problema que identifican los expertos en salud mental es la facilidad con que mucha gente está optando por medicar la tristeza, cuando se trata de un sentimiento natural y de gran utilidad. De hecho, sirve a un proceso evolutivo, y si se anula, la persona sale perdiendo.
"Sentirse triste puede ser un indicador de que algo va mal en nuestras vidas, que algo nos tiene disconformes, y por eso es un aviso para realizar cambios positivos. Si nos peleamos con un familiar o tuvimos un problema en el trabajo, la tristeza nos lleva a tomar medidas para resolver esa situación que nos angustia", señala la psicoterapeuta Verónica Orrico.


I.    DEFINICIÓN: La Tristeza

Forma parte de las emociones básicas y normales del ser humano. Es la expresión del dolor afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la emoción que se siente cuando se ha perdido algo importante, cuando algo causa decepción  o cuando ha ocurrido alguna desgracia que afecte a la persona u otros.

En alguna etapa de la vida, todas las personas han experimentado momentos de tristeza, este es un fenómeno temporal y en ocasiones habitual.

Estar triste de vez en cuando es algo completamente normal. La mayoría de las veces, la tristeza se debe a una pérdida o separación, a un cambio difícil, a que hay algo o alguien que ha causado decepción o a problemas de relación. Sin embargo no es el fenómeno lo que causa los estados de tristeza sino la interpretación que le da la persona al mismo

A veces, la tristeza se mezcla con otros sentimientos. Cuando se está triste, también se puede sentir enfado o culpa. Es posible que se tienda a buscar culpables, intentando echar las culpas de lo ocurrido a otras personas o a sí mismo. Algunas veces, los niños creen erróneamente que las cosas tristes, como la muerte, la enfermedad de un ser querido o el divorcio de sus padres, son culpa suya; aunque  están equivocados, ellos no son los causantes de tales sucesos.

Es cierto que puede haber momentos en que la tristeza sea la reacción más natural y adecuada: por ejemplo, ante el fallecimiento de un ser querido, o ante alguna otra importante pérdida irreparable. En esos casos, la tristeza proporciona una especie de refugio reflexivo, de duelo necesario para asumir esa pérdida y ponderar su significado.

 Uno de los principales motivos de la duración e intensidad de un estado de tristeza es el grado de obsesión que se tenga ante la causa que ha producido la tristeza. Preocuparse más de lo debido por esa causa, sólo hace que la tristeza se agudice y se prolongue aun más. Aislarse, dar vueltas y vueltas a lo mal que se siente la persona, o a los nuevos males que se pueden sobrevenir, son excelentes modos de prolongar ese estado.

Cuando la tristeza dura mucho tiempo, es demasiado intensa e impide que una persona disfrute de las cosas buenas de la vida, se convierte en una dificultad que necesita mayor cuidado y asistencia de un profesional en el área de la salud mental.

 De acuerdo a Alfredo Ruiz[1] la depresión es “un proceso psicológico”, no habla de una depresión endógena ni biológica, tomando en cuenta su perspectiva acerca de esta temática es válido agregar entonces que los estados de tristeza son también procesos psicológicos.

Llega un momento en la vida de los seres humanos en que diversas situaciones pueden colocarlo en estados displacenteros, ante esto la persona puede presentar mecanismos primarios para enfrentarse a la misma (emociones, cogniciones y actitudes autodestructivas), sin embargo llega un momento en que el individuo se adapta a esta situación y no es capaz de procesar; la persona puede llegar a un punto en el que no tiene control de los estímulos negativos que está viviendo. Empieza a dar explicaciones y atribuciones a su situación, a causa de estos ulteriores aspectos tendrían lugar los estados de tristeza. Y la concepción contemporánea que ve a la tristeza como un estado normal que es en si la interpretación que hace la persona de determinada situación.

II.       ANTECEDENTES: Estudios sobre la problemática

 
Los  intentos más  remotos  por  comprender  “científicamente”  la tristeza  se debe  a  Hipócrates (460-375 a.C.), a  quien  le piden que  diagnostique al  filósofo  Demócrito, que aparentemente se había vuelto “loco”. Por los datos obtenidos parece que Demócrito padeció primero una fase de tristeza y depresión  y después de la inactividad que acompaña a la depresión, inició una fase de hipertermia con actividad febril que a sus contemporáneos les pareció muy extraña. Vivía rodeado de esqueletos y restos de animales a los que disecaba. Al recibir la visita de Hipócrates, Demócrito le contó que había sufrido tanto con su enfermedad que deseaba descubrir un tratamiento para curarla a otros y prevenir una recaída propia. En los cadáveres buscaba la sede de la “bilis negra”, fuente de la tristeza (melancolía).

 Desde la más remota antigüedad y en diferentes culturas, existen descripciones del inexplicable fenómeno de la tristeza y la depresión. Son muy parecidas a las de hoy, aunque expresadas en sus diferentes lenguajes y con interpretaciones religiosas o mágicas, o de tipo científico oficial según los criterios de la época.

Los griegos, con Hipócrates, describieron los estados de tristeza, que denominaron melancolía (bilis negra), como un estado caracterizado por una aversión a los alimentos, inmovilidad, insomnio, irritabilidad y desesperanza.

Los sentimientos de abatimiento o tristeza, son viejos compañeros de la raza humana, y seguramente en sus formas menos graves tienen funciones adaptativas, como por ejemplo, recabar la atención y el cuidado de los demás, constituir un modo de comunicación cuando uno se encuentra en una situación de pérdida o de separación, o también puede ser un modo de conservar “energía” para poder hacer frente a ulteriores procesos de adaptación.

 Para la concepción psiquiátrica si este sentimiento de tristeza aumenta en intensidad, se convierte en una “enfermedad” que interfiere gravemente en la vida psíquica, de pareja, de familia, social y laboral de la persona que sufre, en ese caso amerita tratamiento  farmacológico basándose en el supuesto de que “si responde a la medicación, debe tener causa biológica”.
 
Por otro lado, muchos enfoques contemporáneos, proponen “un cambio radical” en la manera de pensar  a cerca de la experiencias de las enfermedades mentales, abandonando la perspectiva psiquiátrica (y la inserción de medicamentos, ya que no se toma en cuenta los efectos colaterales y secundarios que los mismos podrían provocar) y al mismo tiempo tratar de explicar la experiencia y la conducta de los individuos. No enfocándose solamente en el síntoma sino mas bien, en las causas.

 Los sociólogos norteamericanos Allan V. Horwitz, de la Universidad de Nueva Jersey, y Jerome C. Wakefield, de la Universidad de Nueva York, en su libro La pérdida de la tristeza: cómo la psiquiatría transformó la pena natural en desorden depresivo (traducción), ed. Oxford University Press, acusan a la psiquiatría contemporánea de confundir el sentimiento normal de tristeza del ser humano con desórdenes mentales depresivos, porque ignoran la relación de los síntomas con el contexto en el cual salen a la luz.

En una entrevista para la revista Bons Fluídos (edición 110, mayo 2008) califican al Manual de Diagnóstico de Desordenes Mentales – DSM; la biblia de los médicos para el diagnóstico de la depresión, como equivocado y desfasado. Existen personas que están "normalmente tristes" y otras que sufren el "desorden de depresión". Pero según Horwitz y Wakefield, las que viven momentos de tristeza son, de manera creciente, diagnosticadas como "depresivas". Una confusión con graves consecuencias para los psiquiatras y sus pacientes, pero también para la sociedad en general.

 Allan Horwitz revela que luego de la publicación del libro recibió testimonios de personas que le contaban su desesperación provocada por eventos trágicos, desesperación que no consideraban como un desorden depresivo, y que se sentían aliviadas porque se les reconocía la validez de sus sentimientos. Jerome Wakefield dice que muchos terapeutas se pusieron en comunicación con él para expresarle que, de hecho, creían que muchos de sus pacientes no sufrían problemas psiquiátricos, sino que tan solo necesitaban apoyo emocional por causa de una intensa reacción a alguna pérdida o situación de estrés en sus vidas.

El dolor forma parte de la experiencia emotiva humana y la tristeza no es necesariamente una enfermedad, proclaman los dos autores.

III.       FACTORES O CONDICIONES QUE CAUSAN SU GENESIS Y DESARROLLO
 
Los estados de tristeza se ven favorecidos por la interpretación que hace la persona de determinada situación de acuerdo a sus valores y creencias, considerando que no tiene control sobre los estímulos “negativos” que está viviendo.

 En algunas ocasiones, la persona se aferra a la tristeza porque conlleva un estado nostálgico y “dulcemente” melancólico que evoca el recogimiento interior, el amor y la compasión por los demás seres, la benevolencia. Incluso le motiva para escribir poesía o iniciar otro tipo de  actividades artísticas.

Al principio, el recordar a un ser querido, o algún momento de la vida más agradable, o las ilusiones que la persona no ha podido cumplir, se presenta como la tristeza como un aliciente para sentirse más cerca de esas cosas positivas que ahora ya no se poseen.

En este estado resulta fácil dejarse llevar por la tristeza, la alimenta la persona misma con pensamientos del tipo “no puedo evitarlo”, “no tengo fuerzas”, “no puedo más”. Se refugia en sus propios lamentos en lugar de hacerle frente a la vida, y desaprovecha las oportunidades que se le ofrecen para cambiar esta condición.

 Condiciones que favorecen los estados de tristeza:

La pérdida y la separación son la causa más habitual de tristeza. Es muy triste perder a alguien o algo que se tenía en gran estima. Hay muchos tipos de pérdidas; la muerte o separación de un familiar, amigo o mascota puede sumir a una persona en una tristeza que puede durarle semanas o meses. El tipo de tristeza que uno experimenta específicamente a raíz de la pérdida de un ser querido se le llama duelo.

Otros tipos de pérdidas o separaciones de personas que son importantes en la vida de las personas también pueden provocar tristeza, por ejemplo, que los padres se divorcien.
 
Generalmente, la intensidad de la tristeza provocada por la pérdida se atenúa con el paso del tiempo, aunque en las pérdidas muy importantes es posible que siempre quede algo de tristeza.

 Los cambios que obligan a alejarse de algo o alguien querido, como trasladarse a otra cuidad o cambiar de colegio, lo que suele suponer tener que separarse de viejos amigos, también pueden provocar tristeza.

Las pequeñas y/o grandes decepciones, como perder un partido que se esperaba ganar, obtener mala nota en un examen también hace sentir  tristes a las personas. Esta es una reacción natural ante ese tipo de cosas y su intensidad suele estar relacionada con la magnitud de la pérdida o de la decepción.

La tensión y los conflictos en las relaciones importantes, o la ruptura de una relación también pueden ser motivo de tristeza. La gente suele experimentar tristeza cuando tiene algún problema con sus seres queridos, o cuando recibe muchas críticas y reprimendas.

Se puede discutir por motivos tan diversos como el dinero, la ropa, el corte de pelo, los estudios o los amigos, y este tipo de discusiones también pueden provocar tristeza. En el lugar de estudio los problemas que se pueden tener con los profesores, compañeros y el hecho de obtener malas notas también pueden provocar tristeza.

La situación económica delicada en la cual no se alcancen a cubrir las necesidades básicas para el bienestar propio y de la familia o seres queridos también puede evocar la tristeza.

 
IV.       MANIFESTACIONES DE LA DIFICULTAD
 
a. Manifestaciones Internas

-La persona se siente desmotivada, sin fuerzas, sin entusiasmo, sin energía, sin ganas de vivir, abatida y melancólica
-Deformar la realidad; la persona triste ve la vida y la juzga de acuerdo a su prisma interior.
-Sensación de vacío e incapacidad para ilusionarse con nada
-Sensación de desamparo y desesperación (ausencia de esperanzas)
-Sentimiento de culpa y de desvalorización
-Sensación de estar solo en el mundo y de que nadie le quiere y/o comprende
-Estar irritable y enfadarse fácilmente (cualquier cosa te saca de quicio)
-Incapacidad para disfrutar de las cosas
-Problemas de concentración en clase o a la hora de hacer los deberes, y/o empezar a sacar peores notas en el colegio
-Dormir demasiado o demasiado poco
-No comer lo suficiente y perder peso o comer demasiado y ganar peso
-Pasar menos tiempo con los amigos y más tiempo solo
-Llorar mucho, a veces sin motivo aparente

 
b. Manifestaciones externas

-La persona   ya no disfrutar estar en un ambiente social que antes le gustaba.
-Lentitud o agitación: al realizar alguna actividad específica lo hace de una forma lenta o se altera internamente de una forma que no es habitual como lo hacía antes.
-Cambios leves en los hábitos de sueño.


V.       ENFOQUES DIAGNÓSTICOS Y PSICOTERAPÉUTICOS

1. Enfoques Diagnósticos

 1.1       Modelo Cognitivo
Este modelo se basa en   el supuesto de que las personas en realidad originan sus propios problemas y también sus síntomas, por la forma en que interpretan los acontecimientos y las situaciones que en su vida diaria tienen lugar; todo este enfoque se basa en la idea central de que la manera en que un individuo percibe o evalúa un acontecimiento  tiene mayor impacto que la situación misma; es por ello, que la modificación de pensamientos y sentimientos es esencial para cambiar la conducta del individuo.

 El diagnostico basado en este modelo, consiste  en evaluar la manera como la persona percibe e interpreta los acontecimientos de su realidad y que el momento presente le están causando inestabilidad y dificultad.

1.2        Modelo Conductual
Este modelo enfatiza  el papel del aprendizaje en la conducta de la persona; es decir, el individuo ha aprendido a reaccionar de determinada manera ante las situaciones y dificultades que se le presentan en la vida, los estados de tristeza  son una respuesta de pasividad aprendida, que no necesariamente es la mejor alternativa ante los estímulos del medio, y que puede convertirse en una nueva situación que genere inestabilidad.

La elaboración de un diagnostico a partir de este modelo, consiste en evaluar la conducta observable y quizá hasta cierto punto cuantificable en frecuencia y duración, como pudiese ser a través de registros de conducta, autoinformes, e incluso la observación y la entrevista.

2. Enfoques Psicoterapéuticos

2.1 Modelo Cognitivo
El tratamiento basado en el modelo cognitivo va dirigido a la modificación  de todos los elementos de tipo cognitivo, atribuciones, sesgos, distorsiones, ideas irracionales relacionadas con los estados de tristeza; esta terapia se centra en la percepción individual de las experiencias externas, y la interpretación de las mismas (internas), tales como pensamientos, deseos, aspiraciones, etc., reformulando las ideas y creencias desviadas del paciente acerca de si mismo, de sus experiencias y de su futuro en términos de hipótesis.

 La terapia cognitiva consiste en experiencias de aprendizaje muy específicas diseñadas para enseñar a los pacientes a superar sus pensamientos (cogniciones) automáticos negativos, a reconocer las conexiones entre cognición, afecto y conducta, a examinar la evidencia a favor y en contra de los pensamientos automáticos distorsionados, a sustituir estas cogniciones prejuiciados con interpretaciones más orientadas hacia su realidad, y a aprender a identificar y trastornar las creencias que los predisponen a distorsionar sus experiencias.

 
2.2 Modelo Conductual
Las técnicas conductuales se utilizan para modificar la conducta de las personas, tanto las consideradas causales, como algunas adicionales que pueden complejizar los estados de tristeza.

Como cualquier programa de modificación de conducta requieren una planificación detallada e individualizada acorde a los resultados obtenidos en el proceso de evaluación. Entre las de mayor utilización, se pueden mencionar las programaciones de actividades placenteras, la programación de refuerzo contingentes y los programas de entrenamientos de habilidades sociales y de asertividad.
 

VI.                GUIA METODOLÓGICA Y TECNICAS PARA EL ABORDAMIENTO

La tristeza es un estado de ánimo que influyen de manera directa en la actividad diaria de las personas, es el resultado de la interpretación de los acontecimientos y situaciones que le ocurren, el tipo de interpretación que la persona hace es producto de experiencias previas a lo largo de su vida y que puede convertirse en una reacción desadaptativa que ha sido aprendida.  

Por lo tanto se deja de considerar a la tristeza como una enfermedad y se aborda como un proceso psicológico por el cual toda persona pasa en algún momento de su vida y por diferentes situaciones, le sucede a cualquier persona sin importar su sexo, ocupación, edad y/o estado social.

El experimentar tristeza y melancolía no es un sinónimo de depresión, la tristeza puede ser un estado temporal o habitual completamente normal que se puede mezclar con otras emociones y cogniciones que hacen  parecer que la situación es más difícil de sobrellevar.

Para abordar estos estados es necesario no solo fijarse en los síntomas, sino también abordar las causas que lo originan, entendiendo estas causas como la forma en que la persona interpreta la situación que le aqueja.

 Al contrario de cómo muchos lo pueden ver, los estados de tristeza no son negativos en sí mismos, pues aunque se perciban diversas emociones y reacciones negativas, tienen aspectos positivos que se pueden aprovechar, la persona puede llegar a experimentar  una profunda sensibilidad e introspección, un tiempo para la reflexión, así como el desarrollo de diversas habilidades de tipo artístico como la pintura, la poesía y la música.

 


[1] Clase magistral “La depresión una enfermedad inexistente”,   Universidad de El Salvador Departamento de Psicología 30 junio 2004