El
primer gran problema que identifican los expertos en salud mental es la
facilidad con que mucha gente está optando por medicar la tristeza, cuando se
trata de un sentimiento natural y de gran utilidad. De hecho, sirve a un
proceso evolutivo, y si se anula, la persona sale perdiendo.
"Sentirse triste puede ser un indicador de que algo va mal en nuestras vidas, que algo nos tiene disconformes, y por eso es un aviso para realizar cambios positivos. Si nos peleamos con un familiar o tuvimos un problema en el trabajo, la tristeza nos lleva a tomar medidas para resolver esa situación que nos angustia", señala la psicoterapeuta Verónica Orrico.
I.
DEFINICIÓN: La Tristeza
Forma parte de las emociones básicas y normales del ser humano. Es la
expresión del dolor afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Es la emoción que se siente
cuando se ha perdido algo importante, cuando algo causa decepción o cuando ha ocurrido alguna desgracia que afecte
a la persona u otros.
En alguna etapa de la vida, todas las personas han experimentado momentos
de tristeza, este es un fenómeno temporal y en ocasiones habitual.
Estar triste de vez en cuando es algo completamente normal. La mayoría
de las veces, la tristeza se debe a una pérdida o separación, a un cambio
difícil, a que hay algo o alguien que ha causado decepción o a problemas de
relación. Sin embargo no es el fenómeno lo que causa los estados de tristeza
sino la interpretación que le da la persona al mismo
A veces, la tristeza se mezcla con otros sentimientos. Cuando se está triste,
también se puede sentir enfado o culpa. Es posible que se tienda a buscar
culpables, intentando echar las culpas de lo ocurrido a otras personas o a sí
mismo. Algunas veces, los niños creen erróneamente que las cosas tristes, como
la muerte, la enfermedad de un ser querido o el divorcio de sus padres, son
culpa suya; aunque están equivocados, ellos
no son los causantes de tales sucesos.
Es cierto que puede haber momentos en que
la tristeza sea la reacción más natural y adecuada: por ejemplo, ante el
fallecimiento de un ser querido, o ante alguna otra importante pérdida
irreparable. En esos casos, la tristeza proporciona una especie de refugio
reflexivo, de duelo necesario para asumir esa pérdida y ponderar su
significado.
Cuando la tristeza dura mucho tiempo, es demasiado intensa e impide que
una persona disfrute de las cosas buenas de la vida, se convierte en una
dificultad que necesita mayor cuidado y asistencia de un profesional en el área
de la salud mental.
De
acuerdo a Alfredo Ruiz[1] la
depresión es “un proceso psicológico”, no habla de una depresión endógena ni
biológica, tomando en cuenta su perspectiva acerca de esta temática es válido
agregar entonces que los estados de tristeza son también procesos psicológicos.
Llega un
momento en la vida de los seres humanos en que diversas situaciones pueden
colocarlo en estados displacenteros, ante esto la persona puede presentar
mecanismos primarios para enfrentarse a la misma (emociones, cogniciones y
actitudes autodestructivas), sin embargo llega un momento en que el individuo
se adapta a esta situación y no es capaz de procesar; la persona puede llegar a
un punto en el que no tiene control de los estímulos negativos que está
viviendo. Empieza a dar explicaciones y atribuciones a su situación, a causa de
estos ulteriores aspectos tendrían lugar los estados de tristeza. Y la
concepción contemporánea que ve a la tristeza como un estado normal que es en
si la interpretación que hace la persona de determinada situación.
II. ANTECEDENTES:
Estudios sobre la problemática
Los intentos más
remotos por comprender
“científicamente” la tristeza se debe
a Hipócrates (460-375 a.C.),
a quien
le piden que diagnostique al filósofo
Demócrito, que aparentemente se había vuelto “loco”. Por los datos
obtenidos parece que Demócrito padeció primero una fase de tristeza y
depresión y después de la inactividad
que acompaña a la depresión, inició una fase de hipertermia con actividad
febril que a sus contemporáneos les pareció muy extraña. Vivía rodeado de
esqueletos y restos de animales a los que disecaba. Al recibir la visita de
Hipócrates, Demócrito le contó que había sufrido tanto con su enfermedad que
deseaba descubrir un tratamiento para curarla a otros y prevenir una recaída
propia. En los cadáveres buscaba la sede de la “bilis negra”, fuente de la
tristeza (melancolía).
Los griegos, con Hipócrates, describieron los
estados de tristeza, que denominaron melancolía (bilis negra), como un estado
caracterizado por una aversión a los alimentos, inmovilidad, insomnio,
irritabilidad y desesperanza.
Los sentimientos de
abatimiento o tristeza, son viejos compañeros de la raza humana, y seguramente
en sus formas menos graves tienen funciones adaptativas, como por ejemplo,
recabar la atención y el cuidado de los demás, constituir un modo de
comunicación cuando uno se encuentra en una situación de pérdida o de
separación, o también puede ser un modo de conservar “energía” para poder hacer
frente a ulteriores procesos de adaptación.
En una entrevista para la revista Bons Fluídos (edición 110, mayo 2008) califican al Manual de Diagnóstico de Desordenes Mentales – DSM; la biblia de los médicos para el diagnóstico de la depresión, como equivocado y desfasado. Existen personas que están "normalmente tristes" y otras que sufren el "desorden de depresión". Pero según Horwitz y Wakefield, las que viven momentos de tristeza son, de manera creciente, diagnosticadas como "depresivas". Una confusión con graves consecuencias para los psiquiatras y sus pacientes, pero también para la sociedad en general.
El dolor forma parte de la experiencia emotiva humana y la
tristeza no es necesariamente una enfermedad, proclaman los dos autores.
III.
FACTORES
O CONDICIONES QUE CAUSAN SU GENESIS Y DESARROLLO
Al
principio, el recordar a un ser querido, o algún momento de la vida más
agradable, o las ilusiones que la persona no ha podido cumplir, se presenta
como la tristeza como un aliciente para sentirse más cerca de esas cosas
positivas que ahora ya no se poseen.
En
este estado resulta fácil dejarse llevar por la tristeza, la alimenta la
persona misma con pensamientos del tipo “no puedo evitarlo”, “no tengo
fuerzas”, “no puedo más”. Se refugia en sus propios lamentos en lugar de
hacerle frente a la vida, y desaprovecha las oportunidades que se le ofrecen
para cambiar esta condición.
La pérdida y la separación son la causa más habitual de
tristeza. Es muy triste perder a alguien o algo que se tenía en gran estima.
Hay muchos tipos de pérdidas; la muerte o separación de un familiar, amigo o
mascota puede sumir a una persona en una tristeza que puede durarle semanas o
meses. El tipo de tristeza que uno experimenta específicamente a raíz de la
pérdida de un ser querido se le llama duelo.
Otros tipos de pérdidas o separaciones de personas que son importantes
en la vida de las personas también pueden provocar tristeza, por ejemplo, que
los padres se divorcien.
Generalmente, la intensidad de la tristeza provocada por la pérdida se atenúa con el paso del tiempo, aunque en las pérdidas muy importantes es posible que siempre quede algo de tristeza.
Las pequeñas y/o grandes
decepciones, como perder un partido que se esperaba ganar, obtener mala
nota en un examen también hace sentir tristes a las personas. Esta es una reacción natural
ante ese tipo de cosas y su intensidad suele estar relacionada con la magnitud
de la pérdida o de la decepción.
La tensión y los conflictos en
las relaciones importantes, o la ruptura de una relación también pueden ser
motivo de tristeza. La gente suele experimentar tristeza cuando tiene algún
problema con sus seres queridos, o cuando recibe muchas críticas y reprimendas.
Se puede discutir por motivos tan diversos como el dinero, la ropa, el
corte de pelo, los estudios o los amigos, y este tipo de discusiones también
pueden provocar tristeza. En el lugar de estudio los problemas que se pueden tener
con los profesores, compañeros y el hecho de obtener malas notas también pueden
provocar tristeza.
La situación
económica delicada en la cual no se alcancen a cubrir las necesidades
básicas para el bienestar propio y de la familia o seres queridos también puede
evocar la tristeza.
IV.
MANIFESTACIONES DE LA
DIFICULTAD
a. Manifestaciones Internas
-La
persona se siente desmotivada, sin fuerzas, sin entusiasmo, sin energía, sin
ganas de vivir, abatida y melancólica
-Deformar la realidad; la persona triste ve la vida y la
juzga de acuerdo a su prisma interior.-Sensación de vacío e incapacidad para ilusionarse con nada
-Sensación de desamparo y desesperación (ausencia de esperanzas)
-Sentimiento de culpa y de desvalorización
-Sensación de estar solo en el mundo y de que nadie le quiere y/o comprende
-Estar irritable y enfadarse fácilmente (cualquier cosa te saca de quicio)
-Incapacidad para disfrutar de las cosas
-Problemas de concentración en clase o a la hora de hacer los deberes, y/o empezar a sacar peores notas en el colegio
-Dormir demasiado o demasiado poco
-No comer lo suficiente y perder peso o comer demasiado y ganar peso
-Pasar menos tiempo con los amigos y más tiempo solo
-Llorar mucho, a veces sin motivo aparente
b. Manifestaciones externas
-La persona ya no disfrutar estar en un ambiente social
que antes le gustaba.
-Lentitud o agitación: al realizar alguna actividad específica
lo hace de una forma lenta o se altera internamente de una forma que no es
habitual como lo hacía antes.-Cambios leves en los hábitos de sueño.
V.
ENFOQUES DIAGNÓSTICOS Y
PSICOTERAPÉUTICOS
1.
Enfoques Diagnósticos
1.2 Modelo Conductual
Este modelo enfatiza el papel del aprendizaje en la conducta de la
persona; es decir, el individuo ha aprendido a reaccionar de determinada manera
ante las situaciones y dificultades que se le presentan en la vida, los estados
de tristeza son una respuesta de
pasividad aprendida, que no necesariamente es la mejor alternativa ante los
estímulos del medio, y que puede convertirse en una nueva situación que genere
inestabilidad.
La elaboración de un diagnostico a
partir de este modelo, consiste en evaluar la conducta observable y quizá hasta
cierto punto cuantificable en frecuencia y duración, como pudiese ser a través
de registros de conducta, autoinformes, e incluso la observación y la
entrevista.
2. Enfoques
Psicoterapéuticos
2.1 Modelo
Cognitivo
El tratamiento basado en
el modelo cognitivo va dirigido a la modificación de todos los elementos de tipo cognitivo,
atribuciones, sesgos, distorsiones, ideas irracionales relacionadas con los
estados de tristeza; esta terapia se centra en la percepción individual de las
experiencias externas, y la interpretación de las mismas (internas), tales como
pensamientos, deseos, aspiraciones, etc., reformulando las ideas y creencias
desviadas del paciente acerca de si mismo, de sus experiencias y de su futuro
en términos de hipótesis.
2.2 Modelo
Conductual
Las técnicas conductuales
se utilizan para modificar la conducta de las personas, tanto las consideradas
causales, como algunas adicionales que pueden complejizar los estados de tristeza.
Como cualquier programa
de modificación de conducta requieren una planificación detallada e
individualizada acorde a los resultados obtenidos en el proceso de evaluación.
Entre las de mayor utilización, se pueden mencionar las programaciones de
actividades placenteras, la programación de refuerzo contingentes y los
programas de entrenamientos de habilidades sociales y de asertividad.
VI.
GUIA METODOLÓGICA Y
TECNICAS PARA EL ABORDAMIENTO
La tristeza es un estado de ánimo
que influyen de manera directa en la actividad diaria de las personas, es el
resultado de la interpretación de los acontecimientos y situaciones que le ocurren,
el tipo de interpretación que la persona hace es producto de experiencias
previas a lo largo de su vida y que puede convertirse en una reacción
desadaptativa que ha sido aprendida.
Por lo tanto se deja de considerar a
la tristeza como una enfermedad y se aborda como un proceso psicológico por el
cual toda persona pasa en algún momento de su vida y por diferentes
situaciones, le sucede a cualquier persona sin importar su sexo, ocupación,
edad y/o estado social.
El experimentar tristeza y
melancolía no es un sinónimo de depresión, la tristeza puede ser un estado
temporal o habitual completamente normal que se puede mezclar con otras
emociones y cogniciones que hacen
parecer que la situación es más difícil de sobrellevar.
Para abordar estos estados es
necesario no solo fijarse en los síntomas, sino también abordar las causas que
lo originan, entendiendo estas causas como la forma en que la persona
interpreta la situación que le aqueja.
[1] Clase magistral “La depresión una enfermedad inexistente”, Universidad de El Salvador Departamento de
Psicología 30 junio 2004